Doña Verde es una institución andante. Porque después de cierta edad y con tanta vida encima, se gana el “Doña” aunque sea para la chacota. Es una leyenda urbana hecha carne y arrugas de tanto reír y, a veces, de tanto aguantar. A sus gloriosos 70 casi 80 años, es la viva personificación del refrán: “más sabe la diabla por vieja que por diabla”.
Hubo un tiempo ¡vaya tiempo!, en que Doña Verde era la estampa de la decencia, el moño apretado y la palabra justa (y aburrida). Guardiana de las formas, pilar de la moral… ¡pura fachada queridxs! Su semblante era un manual de buenas costumbres, pero por dentro su deseo era un volcán que ebullía en la clandestinidad más absoluta. Esa doble vida la hizo experta en el arte de la observación, la psicología de lo prohibido y, sobre todo, en la comedia humana de la represión.
Doña Verde no es una, es todxs. En su biografía, que ahora ventila sin filtro ni vergüenza, caben mil vidas: fue la huacha que educó a sus hermanxs; la trabajadora sexual que aprendió sobre el poder desde la práctica; la asesora de políticxs a lxs que conoció en su vulnerabilidad; la madre y abuela que calló su pasado por la presión social; la nana que sirvió a los malparidos “dueños” de Chile. Cruzó el espectro de lo conservador –siempre desde una perspectiva que hoy revela como hilarante– hasta ser lo más radicalmente real. Y sí, también ha navegado las aguas de la identidad de género, porque en su piel y alma reside la multiplicidad de quien lee estas líneas; es ese deseo de ser, de explorar, de transicionar.
Hoy, Doña Verde está “de vuelta de todo y con ganas de más”. Es calentona, sí, y con una picardía que desarma a cualquiera. Su lengua es filosa como navaja de barbero y dulce como pipeño de cosecha. Desde el balcón de su vida, convertida ahora en la anfitriona de la revista “Vieja Verde”, nos abre las puertas de su “vecindario”: un espacio donde cada colaboradorx es unx “vecinx” con una historia que contar, un secreto que compartir, una verdad que liberar. Es la portera, dueña y confidente de esta villa de monstruosidades perversas y no perversas; es la que tiene el chisme fresco, el consejo inesperado y la carcajada lista.
Doña Verde no juzga, porque ya lo ha visto y vivido todo. Invita, provoca, seduce con la palabra y celebra la maravillosa imperfección del ser humano y no-humano. Es la abuela que todxs merecíamos: la que te pasa el copete a escondidas y te cuenta las verdades sin anestesia, pero con un cariño que te abraza el alma.
Quienes acá escriben y publican, siempre tendrán las plumas paradas y adelante, enemigxs de la censura, de la moral y de las “normas de la comunidad” que tanto daño hacen a nuestra subjetividad.
Acompaña a Vieja Verde, síguela, amala, adorala, tributale y pagale por el preciado conocimiento que solo los años de experiencia cargan. El número que tienes en tus manos, ha sido levantado a pura pulsión de vida, orgasmo y placer. Vieja Verde es porno popular disidente sin fines de lucro, cada número que compras es lo que ayuda a financiar el maquillaje y las ligas de la siguiente edición. Corre la voz y la paja. Que se abran las grandes nalgas por donde caminen lxs perversxs y no-perversxs libres.
Con pasión,
Doña Verde