En la Edad Media, cuando la peste reinaba en el mundo y los reyes se gastaban el oro del pueblo, la Iglesia Católica produjo un elemento indiscutiblemente innecesario: manuales de sexualidad para evitar la tentación de la carne.
“La sexualidad debía entenderse única y exclusivamente como un medio para perpetuar el linaje humano y no como un fin en sí mismo” ¡Imagínate! Todxs mis amigxs se quedarían sin trabajo y yo sin placer, es que esto de que culiar sea pecado o una actividad “moralmente reprobable”, parece totalmente fuera de lugar. Una idea, definitivamente, de otro siglo: “la salvación del alma y el placer sexual eran incompatibles, ya que este último era una fuente de pecado, de contaminación espiritual e impureza moral” Y el sexo conguyal, que era la única manera de gozar de los placeres de la carne, era permitido exclusivamente en ciertos días de la semana y del año, condicionado “al ciclo litúrgico y al ciclo fisiológico de la mujer” (Bazán, 2008).
Claramente estos manuales no eran best sellers eróticos, algunos incluso regulaban las posiciones sexuales permitidas, que decían qué, cómo, cuándo y con qué grado de culpa se podían generar ciertas prácticas.
“la salvación del alma y el placer sexual eran incompatibles”
Bazán, 2008
Siglos después pensaríamos que estas doctrinas están tan muertas como la iglesia misma, ¡pero no! Al parecer, hay quienes han decidido reeditar estos textos que dormían en bibliotecas polvorientas y más encima de forma pública. Y lo más icónico, un 58.X% de la población estuvo de acuerdo con estos mensajes, ya que la esposa del nuevo mandamás ha ofrecido una solución infalible al embarazo: la abstinencia. Sí, total y completa, tal como en la Edad Media. Nada apps, nada de métodos anticonceptivos, nada de educación sexual, nada de medicina, nada de ciencia; la vieja y confiable técnica medieval de no hacer nada (poco más y volvíamos a los calzones de castidad, niña!!!)
Y la anécdota siempre puede ser aún mejor, porque las buenas lenguas rondan por toda la ciudad y yo, como buena amiga de esta vieja que me invita a escribir, escuché directamente de mi amiga que trabajó con esta popular (y numerosa familia), que cuando uno de sus retoños tuvo relaciones sexuales, la respuesta fue una conversación totalmente incómoda y digna de un confesor del siglo X: charla, pareja incluida, llamado a la abstinencia retroactiva y la promesa de que, con suficiente esfuerzo, Dios podría perdonarles. Faltaron los ave marías, los latigazos (miau) y unos cuantos padrenuestros para que ya, se les fuera el deseo de encima.
“Fomentemos las orgías, la poligamia y el amor libre, para que el sexo sea por placer y no para procrear”
Y es que en este mundo donde la carne tira más que la culpa, fallar pareciera no ser humano sino administrativo. Así fácilmente llegamos a ese momento en que: cometes un pecado, te confiesas, prometes no volver a pecar, vuelves a hacerlo y así en un loop eterno que fácilmente se convierte en política pública.
Quienes gocemos de los placeres sin culpa y deseemos el cuerpo humano con perversión y goce, por favor unámonos. Apoyemos a lxs duolxs de aborto, mantengamos la píldora del día después en todo el país y gratis, marchemos para mantener el aborto y por favor, pero por favor, culiemos sin descanso. Fomentemos las orgías, la poligamia y el amor libre, para el sexo sea por placer y no para procrear. Para que la vergüenza vuelva y abandone los medios masivos, para que los avances logrados no retrocedan, para que cuatro años pasen rapidito así como el sexo de oficina, 5 minutos y adios.