La mediana
Me preguntas si cruzaré la calle,
si entraré a ese túnel
para nacer de nuevo
pero ahora de la forma que deseo,
¿acaso quién no sueña con rediseñarse por completo?,
y que lo que nos habita por dentro
también se vea en el espejo.
Fueron años de luz roja
y el semáforo por fin dio verde:
¡Eres libre!,
corre y cruza la avenida,
ve y salta la muralla china,
derriba el muro de Berlín,
que tu piel sea lavada
de las cicatrices en tu espalda,
limpia de los insultos arrojados a tu cara.
Pero mis pezuñas se aferran a esta mediana,
aun cuando tambalean
con el musgo como enredadera entre mis piernas,
porque ya no pertenezco al hombre,
tampoco a la hembra,
me libero de ese colonialismo binario
y reclamo, al fin, mi naturaleza.
Y no son ideas mías,
yo sí existo, caballero,
desde que el mundo es mundo
y antes de que esta tierra fuera camino,
como las muxes,
como los winkte,
kathoeys
hijras
machis weyes
y un largo etcétera.
Por eso la carretera es para otros,
a mí no me interesa viajar a nuevas fronteras,
al final allí también encierran,
ni me dibujaré a imagen y semejanza de Eva,
yo no quiero parecerme a nadie más que a mí,
y si es esta rareza la que me sentencia
a cadenas de soledad e incomprensión,
son grilletes que al final no pesan nada
a cambio de existir por quien soy.
No me verán tomar las micros L ni G ni B ni T,
ninguna de ellas me lleva a donde quiero estar,
que es aquí,
en esta mediana,
con mis pezuñas sucias
y el viento escupiendo a mi cara.
El cola-cidio
¿Por qué a mí?,
me dijo con los ojos inundados del más triste aguacero.
Es primera vez que lo veo quebrado, pensé.
La disco ball del trasnoche alternativo,
la voz incidental del paseo clandestino
apagándose frente a mí, sin botellas ni brillo.
Me la busqué sí,
se volvió a armar cuando notó que bajó mucho la guardia,
es que la soledad…
El silencio que nos enseñan cuando chicos
a no ser así,
a no vivir así,
nos obliga a aislarnos
hasta naufragar en malas decisiones,
¿Dispara usted o disparo yo?
Drogas blandas, duras y mixtas,
viejos verdes,
moteles de luca,
esquinas pintadas de sangre cola,
amigas que te prenden el pucho
y te clavan la aguja del taco si te llevas al cliente.
Soy una más,
otro poco de cenizas que quedan de la fosa común gay del sida,
muerdo tierra cuando escucho esas dos palabras juntas.
“Es nuestra lepra”,
¿por qué nuestra?
Más abono para que la señora ABC1 nos mire asqueada,
sin saber que es por ella misma que llegamos adonde llegamos,
su política,
su religión,
su tierna discriminación,
nos tira al mundo
solitos,
con alitas quebradas
cayendo en los pasos prohibidos,
emborrachándonos de noche y peligro
hasta que nos golpea el cola-cidio
como a mí.
“Publicar me ha hecho sentir con toneladas menos de encima y de alguna forma en paz. Sí, en paz, aun en medio de la tormenta de emociones que significa presentar mi lado más íntimo y vulnerable al exterior”, Emilio Senn.