Del trabajo sexual y caos político

Sindicato Angela Lina

En menos de un mes el actual gobierno ya ha anunciado pérdida de derechos en salud, educación, medio ambiente y en temas que nos afectan a todxs, ¿pero qué pasa con las putas? ¿Por qué tantas colegas terminaron apoyando a la derecha? Algunas se sienten más “empresarias” que trabajadoras porque nos han hecho pensar que las trabajadoras sexuales no somos parte del pueblo. Hay un interés morboso en hablar de nuestro rubro, pero no se nos da el espacio para hablar de nuestros derechos. Casi siempre estamos en la crónica roja y quienes hablan nunca son las trabajadoras; es la policía, las instituciones, la academia y por supuesto, la clase política. Es por esto que ni la derecha ni la izquierda que se llama a sí misma “feminista”, logran abogar por los derechos de quienes ejercemos trabajo sexual. 

El año pasado, a propósito del caso Monsalve, nos involucraron cuando se le acusó públicamente de ser usuario de sitios web de escorts, como si ser cliente fuera un agravante a su delito. Y cuando los medios interpelaron a la ex Ministra de la Mujer y Equidad de Género, Antonia Orellana, aseguró tajantemente que en esos portales de publicidad hay mujeres explotadas por redes de trata. “Es completamente impropio que [alguien con un cargo político] esté buscando servicios en estas páginas en donde sabemos que hay explotación de mujeres y niñas”, dijo en Canal 13. 

¿Una persona que trabaja en política no debería contratar estos servicios? Como si ser cliente fuera de por sí un rasgo abusivo.

No defendemos al violador Monsalve, pero nos retumban las palabras de la ex ministra, que parece tan segura de lo que ocurre en esas páginas. Nuevamente se criminalizan nuestras herramientas de trabajo (publicidad en internet) y al mismo tiempo se denigra la acción misma de contratar un servicio sexual ¿Una persona que trabaja en política no debería contratar estos servicios? Como si ser cliente fuera de por sí un rasgo abusivo. Atendemos a todo tipo de personas, no solo hombres. No es posible crear un perfil de cliente único. Los abusadores, en cambio, son clientes de cualquier comercio y participan en todos los espacios. Señalar que un violador es más violador por ser “putero” ignora el hecho de que (por lo general) el violador no quiere pagar.

En septiembre del 2025 recibimos respuesta a una carta dirigida a la ministra Antonia Orellana que fue entregada el 2 de junio de ese año, en donde señalamos el mal uso del lenguaje en los medios, ya que al hablar de trabajo sexual, habló de explotación y trata. Contra todo pronóstico, la respuesta a esta carta fue “positiva” declarando que el Ministerio de la Mujer y Equidad de Género lucha contra la violencia de todas las mujeres sin importar a qué se dedican. Es más, dijo estar dispuesta a reunirse con nuestro Sindicato. Recalco el “dijo”, porque hay un mar de distancia entre lo que se dice y lo que realmente se hace. Nunca obtuvimos respuesta cuando solicitamos poner fecha a dicha reunión. 

Ni la derecha ni la izquierda que se llama a sí misma “feminista” logran abogar por los derechos de quienes ejercemos trabajo sexual.

Ante esta realidad que restregamos en sus caras, los políticos suelen responder de manera condescendiente y nos hacen sonreír para sus cámaras en periodos de campaña. El problema no es que la clase política entienda nuestra lucha, porque entenderlo es fácil, lo difícil es que tomen el riesgo y tengan la voluntad de trabajar a favor del trabajo sexual junto con las personas que lo ejercen. 

Sodomass, “Vocería”, 2026, dibujo digital.
Sodomass, “Vocería”, 2026, dibujo digital.

La mayoría de las políticas feministas en Chile entienden nuestros argumentos, o eso dicen. El problema es que siguen priorizando hablar de trata y explotación de mujeres y niñas cada vez que sale a la luz algún tema relacionado con trabajo sexual. Todo lo simplifican para agradar a un público que, derechista o izquierdosamente, sigue rindiendo culto a la familia heterosexual (de la cual somos enemigas públicas, querámoslo o no). Y aunque la tan esperada reunión con la ex ministra se hubiera concretado, no hubiéramos ganado nada conversando entre cuatro paredes, cuando sus discursos en los medios siguen igualando trabajo sexual a trata, entre otros delitos asociados injustamente a nuestro rubro. No estamos diciendo que estos crímenes no existan pero, ¿podría en algún momento la clase política dejar de mezclar estos conceptos? De nosotras solo les interesa la polémica, el morbo, cuánto ganamos, con quién gastamos, qué consumimos, qué vendemos.

Otro ejemplo similar tuvimos con la diputada Lorena Fríes, que dice apoyar a las trabajadoras sexuales en la lucha por el reconocimiento, derechos sociales, jubilación, dignidad en la vejez y al igual que la ministra Orellana, reconoce el trabajo sexual como trabajo, pero nuevamente vemos una falla al momento de referirse a nuestra labor en los medios. El pasado 2 de octubre de 2025 se publicó en El desconcierto una columna de opinión de la diputada, titulada: Trata, seguridad y dignidad: Un debate impostergable. El material completo aborda el crimen organizado, trata de personas y menores de edad con fines de explotación sexual y comienza así: “El trabajo sexual ocupa un lugar incómodo en nuestras discusiones públicas (…) se ha transformado en un negocio lucrativo en el que, mayoritariamente, mujeres y niñas pasan a ser víctimas de trata de personas y tráfico ilícito de migrantes”. Directamente se acusa al trabajo sexual de ser una vía de paso a la explotación de mujeres y niñas. Además, parte con una asociación negativa hacia nuestra labor en el primer párrafo y, como si fuera poco, utiliza a una mujer joven en una postura de sufrimiento y llanto como imagen de portada. Estas decisiones estéticas también traen consigo una opinión política, porque pese a que la diputada “entiende” el trabajo sexual como trabajo, no repara en asociar nuestro rubro a la explotación, como una arista más dentro de las redes del crimen organizado.

De nada sirve que nos reciban en sus oficinas o que dialoguen con las organizaciones de trabajadoras sexuales para sus campañas, si al momento de hablar en público su discurso promueve ideas negativas del trabajo sexual y lo usan como sinónimo de explotación,  cuando nosotres, las y los trabajadores sexuales autónomos no somos explotados por la sexualidad; pero sí somos víctimas de la clandestinidad y la discriminación.

Dejen de usar imágenes y discursos cargados de violencia, porque si la población sigue entendiendo el trabajo sexual como explotación, abuso infantil y crimen organizado, jamás existirá un apoyo real a la lucha por nuestros derechos laborales. 

De nada sirve que nos reciban en sus oficinas o que dialoguen con las organizaciones de trabajadoras sexuales para sus campañas, si al momento de hablar en público su discurso promueve ideas negativas del trabajo sexual y lo usan como sinónimo de explotación,  cuando nosotres, las y los trabajadores sexuales autónomos no somos explotados por la sexualidad; pero sí somos víctimas de la clandestinidad y la discriminación.