Editorial Nº 3

¡Tanto miedo que da la carne señorxs!

¿En serio los cuerpos dan tanto miedo que necesitan ser censurados? ¿Qué es, en el fondo, la censura? Parece ser que es el miedo institucionalizado a nuestra propia existencia, a nuestra propia corporalidad. Y existe porque el poder —sobre todo de ciertos gobiernos reaccionarios que se persignan mientras nos meten las manos al bolsillo— necesita desesperadamente domesticar lo que consideramos “normal”, para seguir en su sistema de secretismo y abusos constantes. A tal extremo que higienizar el arte pareciera ser algo que necesitan aplicar desde el día uno.

Pero son tan evidentes en su sistema de anestesiamiento que no podemos callar frente a su vulgaridad. Sabemos la verdad: el cuerpo es lo más radical que tenemos, y en Vieja Verde lo sabemos, porque nuestra resistencia, al igual que nuestra revista, también es con TODA LA CUERPA PRESENTE SEÑORXS.

¿Enserio los cuerpos dan tanto miedo que necesitan ser censurados?

Ante esto, respondemos a lo que ocurrió en el Centro Cultural Vicente Bianchi de La Reina, donde un grupo de padres confundió un estudio anatómico con una ofensa pública y el sistema, cobarde como siempre, bajó las obras. Es el mismo patrón que hemos visto tantas veces y que veíamos venir hace tiempo (razón principal de nuestra existencia en papel). Cuando el sistema se asusta por un par de penes o tetas en dibujo, lo que en realidad está haciendo es intentar disciplinar nuestra mirada. Y nos van a decir que lo de Katia Sepúlveda en el CNAC ¿no va por la misma vereda? Aunque se escuden en tecnicismos administrativos, unx sabe que esos formularios y supuestas convocatorias son la nueva censura, la nueva forma de disfrazar los rechazos a aquello que parece “insurrecto”, “prohibido”, PECADO. Disfrazan el conservadurismo de “lineamiento de postulación” y, si tu obra es demasiado disidente, demasiado pornográfica o demasiado polémica, te dejan fuera. Amores, preparen esas manos, esos ojos y esas lupas, de ahora en adelante todo solo mega hiper correcto, como lo quiere la santísima trinidad (porque los tríos siempre son mejores), REVISEN TODO COMO SI FUERA SU VIDA LA QUE ESTÁ EN JUEGO, para que no tengamos que pasar nuevamente por los cuestionamientos del Festival Desviaciones sobre el uso de recursos. Aún nos quedan 4 años de resistencia extrema. 

Unx sabe que esos formularios y supuestas convocatorias son la nueva censura, la nueva forma de disfrazar los rechazos a aquello que parece “insurrecto”, “prohibido”, PECADO.

Y a esto se suma la ironía sangrante de la cancelación de León Ferrari. ¿Qué nos dicen? ¿Que “no hay presupuesto”? ¡Por favor! Eso no es gestión, es desprecio. Y peor aún, sale el ministro diciendo que: ““Las reducciones de presupuesto lamentablemente afectan a las exposiciones, pero afortunadamente no afectan a los trabajadores (…) aquí no se le está cancelando el sueldo ni el trabajo a ningún funcionario. Se está suspendiendo una exposición” ¿Es que acaso lxs investigadores, lxs académicos y lxs periodistas especializados que estudian la obra de Ferrari no trabajan? Al cancelar la exposición, amputan el conocimiento, negando la posibilidad de ver y estudiar el arte. 

Porque seamos honestxs: la censura es la hermana siamesa del puritanismo, de la cultura reaccionaria que se escandaliza con el cuerpo desnudo en una galería, pero bien poco con la pederastia, el abuso y la guerra. Pero mientras ellos se ahogan en su moralina barata, nosotrxs seguimos aquí, resistiendo, luchando e imprimiendo verdad con la plata de lxs pajerxs y lxs disidentes, porque sabemos que nuestra única salvación es la comunidad y como tal, no podemos callar.

La censura es la hermana siamesa del puritanismo, de la cultura reaccionaria que se escandaliza con el cuerpo desnudo en una galería, pero bien poco con la pederastia, el abuso y la guerra.

Censurar el cuerpo no es otra cosa que intentar censurar la vida misma. Es un ejercicio de poder que busca devolvernos a una época conservadora para evitar los avances necesarios para una vida libre y sin abusos. Pues que se enteren y que se abran las grandes nalgas por donde caminen lxs perversxs y no-perversxs. Que sigan temblando y demostrando su miedo que nosotrxs seguiremos siendo deliciosa y peligrosamente libres.

Con el fuego intacto,

Doña Verde