Vieja Verde es una declaración de intenciones, una trinchera cultural que busca irrumpir en el panorama mediático, para hablar de sexo, arte, política y provocación. Es una respuesta a la censura, al conservadurismo y la falta de medios que hablen del deseo con libertad.
Reapropiamos y resignificamos el insulto “viejo verde” desde un feminismo interseccional e inclusivo de las diversidades, porque vieja verde es un espacio antipatriarcal, de poder, placer y crítica basada en el respeto y el consentimiento, que defiende el porno ético, el trabajo sexual, lo monstruoso y el derecho a gozar sin culpa.
Investigamos el pasado, buscamos entre nuestros símiles de antaño y modificamos su forma, destrozando su fondo. Creamos una revista picaresca y sin filtros, donde el cuerpo, el humor y la disidencia se encuentran para hablar lo que a otrxs le incomoda.
LA REVISTA
Vieja Verde es una revista de arte, deseo, sexo y provocación que llega a patear la puerta de un panorama mediático tibio, censurador y moralista. No existe hoy en Chile ningún medio impreso que promueva una sexualidad sana, disidente y sin culpa. Los diarios ya no hablan de cultura, menos de arte o de cuerpos; mucho menos de cuerpos abyectos o de placer sin moraleja. Las redes sociales censuran todo lo que tenga tetas, genitales, sadomasoquismo, grasa, pelos, realismo. Las IA aprenden rápido a castigar el deseo, pero no a entenderlo. Y la ironía, la sátira, la lengua afilada… todo eso quedó en el pasado. Vieja Verde viene a ocupar ese vacío, con placer y con rabia.
Esta revista no solo se inspira en el humor negro ni en lo picaresco. También viene armada: con investigación seria, con archivo, con memoria. Estudiamos revistas como Novedades, Cosquillitas, Bravo, El Pingüino, Cosmopolitan, Playboy y otras cuantas más que durante décadas promovieron violencia, machismo, heternorma, abuso a menores, misoginia, racismo, clasismo y binarismo. Todas se hacían las modernas, pero reproducían el mismo guion: cuerpos disponibles para otros, nunca para sí. Vieja Verde es lo contrario: cuerpos que se mandan solos, que gozan, que gritan, que se masturban, que dominan, que escriben, que sueñan y follan.
Queremos resignificar y deconstruir el sentido coloquial de la frase “viejo verde”, que se ha usado históricamente para describir a hombres heterocis mayores que se aprovechan de mujeres jóvenes. Nos reapropiamos de ese insulto para convertirlo en poder: ahora es ella, la vieja, la que mira, la que goza, la que escribe, la que se excita, la que manda, siempre en base al respeto y al consentimiento. Vieja Verde no pide permiso para existir, pero sí para tocar. Es porno ético, es disidencia, es trabajo sexual, es provocación con causa.
Vieja Verde es el espacio para hablar de sexo sin pedir perdón. Para escribir crónicas que mojen, entrevistas que incomoden, reportajes que denuncien, fotografías que exciten, horóscopos que nos recuerden el deseo. Es una revista picaresca, sí, pero también política. Con humor, con rabia, con plumas afiladas y con cuerpos sin vergüenza. Porque todes culean, pero no todes lo cuentan. Acá sí.